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Cabeza de caballo

 

 

Poema visual que abstrae al espectador de la realidad. A través del texto, el movimiento, iluminación y la música se construye en el escenario, una atmósfera ideal para la introspección, el trabajo corporal del actor es la base más importante para el desarrollo de la obra y la creación de los personajes, de modo que mediante la exploración de formas, posturas, sombras, ritmos y cadencias, se consolida con precisión cada imagen. Así se narran los últimos momentos de la vida de este hibrido de hombre-caballo que, como último acto de salvación, logra redimirse por medio de la confesión. Un espacio vacío, el espacio de la mente humana, donde surgen los pensamientos, los sueños, el ser… descubrirse en la propia mente. En aquella oscuridad el hombre-caballo atraviesa sus pensamientos, los desarticula, los reconstruye en una dinámica de autodevoración, no se trata de un sueño, sino de una implosión del ser hacia la mente. Del acto de transportarse hacia la propia mente. Ahí se encontrará siendo él, siendo lo que otro en potencia. Nada ocurre en el exterior, todo incluyendo la muerte del hombre será vivido sólo por medio de un ejercicio cerebral. El caballo, el niño y el hombre se construyen en la dimensión del propio cuerpo. Basta una silla de ruedas para pasar de hombre a caballo, de la realidad a la mente, de la decadencia a la grandeza.